Willy Kohan: ¿Suma o resta votos la irrupción de Cristina?
Se impone la realidad y las encuestas: el Gobierno decidió abandonar la política de las cuarentenas extremas como eje central de la lucha contra el coronavirus.
Dispuso finalmente abrir las escuelas y comercios en el Conurbano, y autoriza negociaciones urgentes con laboratorios de EEUU para conseguir las millones de dosis que aseguren la vacunación masiva hasta fin de año.
Ya hubo problemas de abastecimiento con las vacunas de Rusia, China y AstraZeneca, que siguen siendo las únicas disponibles hasta ahora.
El volantazo del oficialismo obedece al fracaso de la política sanitaria que no ha podido evitar las decenas de miles de contagios y fallecimientos; más una sociedad muy golpeada por los trastornos económicos y sociales de las cuarentenas eternas aplicadas el año pasado, y que se intentaron sin éxito este año.
Surgen nuevas encuestas que revelan la caída en la imagen del oficialismo; y por primera vez aparece la oposición empatando o superando en imagen al Gobierno en la decisiva provincia de Buenos Aires.
Claro que en lugar de corregir, se dobla la apuesta. Arremete Cristina Kirchner y toma el control operativo del Gobierno y la campaña electoral. Habló por primera vez de la pandemia, prometió vacunas para todos y culpó a la oposición por las muertes y contagios.
Avanza el cristinismo en el control del Gobierno en el peor momento político del presidente Alberto Fernández. La intervención de Cristina, Axel Kicillof, Máximo Kirchner y el Instituto Patria es evidente en el frente sanitario, económico, político y de relaciones exteriores.
Ante el colapso de los hospitales y el desastre humanitario de los miles de muertos, Cristina volvió a cargar contra las empresas de medicina prepaga y a reclamar más intervención del Estado en el sistema de salud. Las prepagas denunciaron un plan para quebrarlas y luego estatizarlas.
Fueron a la Justicia a pedir un aumento de 9% que el Gobierno les niega hace meses. Argumentan que no pueden hacer frente al aumento en los costos de los medicamentos y los insumos sanitarios, y tampoco dar aumentos al personal de salud que reclama 40% de incremento salarial.
Estatizar el sistema privado es una estafa a casi 20 millones de personas que vienen aportando todos los meses hace décadas para construir y mantener cientos de clínicas, sanatorios y hospitales de gestión privada en todo el país
Después de cerrar los colegios, malversar las vacunas y arrasar la economía de los argentinos con cuarentenas extremas que resultaron inútiles sin testeos y vacunas suficientes; ahora el cristinismo se propone dejar a la gente sin su sistema de salud al que viene cotizando toda la vida para tener cierta tranquilidad personal y familiar.
Es otro ataque inexplicable contra la clase media tan castigada, pero que al menos sabía que en la Argentina podía atender su salud a través del sistema privado como en los mejores países del mundo.
¿Es ese el plan de Cristina para ganar las elecciones? Un gobierno tan radicalizado y tan cristinista en las decisiones, ya sin la máscara de Alberto Fernández, ¿es una propuesta que suma o resta votos? Los tropiezos cada vez más penosos de Alberto abrieron la puerta a la intervención total de lo que Cristina representa en la coalición política. Descolocan cada vez más al otro socio del acuerdo, Sergio Massa.
El volantazo sanitario del Gobierno impulsado por Cristina dejó pagando a casi todo el oficialismo que venía militando a favor de las cuarentenas más severas. Una semana antes el Presidente y el Ministro de Educación acusaron a Rodríguez Larreta y gobernadores peronistas aliados como Juan Schiaretti y Omar Perotti por mantener las escuelas abiertas.
Se desoyó el consejo de los epidemiólogos militantes que ya venían desfilando por radios y canales de TV reclamando martillazos o cierres totales como única salida.
Peor quedaron los gremios docentes. Quedó demostrado que cerraron los colegios por decisión política, nada que ver con la salud, todo para perjudicar a la ciudad de Buenos Aires. Terminó resultando un boomerang electoral contra el propio Kicillof y Cristina, sobre todo en los sectores más humildes que sufren doblemente la falta de educación y contención de sus hijos.
Aún así, la especulación política no tiene límites: el gobernador Kicillof pretende ahora seguir cerrando colegios en los municipios opositores al PJ. No permite abrir escuelas en Mar del Plata, Pinamar o Bahía Blanca, entre otros distritos,. Ni siquiera ciudades más pequeñas y rurales como el municipio de Capitán Sarmiento que gobierna el macrista Javier Iguacel.
El furor de los políticos por abrir los colegios no llegó a las universidades. La educación terciaria presencial sigue cerrada, los claustros y los campus universitarios están vacíos hace dos años.
Ante los muertos y contagios que no ceden, el relato oficialista insiste en colocar en la oposición y en los medios críticos la responsabilidad por la tragedia humanitaria que vive el país y el desastre económico y social que dejó el manejo de la crisis hasta ahora.
Se acusa a opositores y periodistas de antivacunas y de haber atemorizado a la sociedad. Como siempre, la culpa es de los demás. Nada se dice de la militancia deliberada de todo el oficialismo que impidió la llegada de las vacunas de EE.UU.; de la opción política a favor de las vacunas de Rusia y China; del error de apostar solamente a un laboratorio privado a nivel internacional que finalmente no pudo cumplir.
Mucho menos, de la malversación de las primeras vacunas que llegaron para los amigos y amigas; ni del esquema de monopolio total del Estado en que se insiste para la compra y distribución de dosis, impidiendo la participación del sector privado de la salud en todo el proceso.
Pese a la gravedad de la crisis sanitaria y al cada vez más evidente mal manejo que el Gobierno hizo de toda la situación, muchos encuestadores y analistas experimentados apuntan que es la crisis económica la que está destruyendo la imagen del oficialismo en las encuestas, sobre todo, en el Conurbano.
La inflación cedió en mayo a 3,3%, pero los salarios y el consumo no se recuperan. Se mantuvo la suba de la carne ante la crisis de oferta que podría durar todo el año. Se calcula que ya la mitad de la clase media agotó sus ahorros. Hay récord de morosidad con las empresas de servicios públicos y con los impuestos. En mayo siguió cayendo el consumo. Salarios y jubilaciones están lejos de ganarle a la inflación.
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